La obra periodística “Un hombre”, escrita a manera de entrevista por Oriana Fallaci, no cuenta una historia común en la línea de lo “interesante”, es más que eso, realmente un escrito trascendental, insólito y extraordinario; este hombre del que hace alusión el título se llama Alejandro Panagulis, un símbolo, como lo decía ella, para la emancipación del estado griego, alienado por la tiranía de Papadopoulos y su junta de coroneles, durante el golpe de estado. Alejandro es pues, todo una problemática social, una piedra en el zapato para el régimen, sin embargo, más que lo que hizo una actitud agresivamente activista en contra de la minoría gobernante, está su posición extremadamente humana, extremadamente noble de superación personal y colectiva de todo un país.
Alejandro Panagulis nació en 1939 en atenas, Grecia, fue coronel del ejercito nacional y varias veces condecorado en la guerra de los Balcanes, primera guerra mundial y la guerra contra los Turcos en Asia menor, y mas importante aún, fundador y jefe de la resistencia griega; tras un atentado a Papadopoulos y la junta el 13 de agosto de 1967, cerca de Varkiza, fue arrestado, y después de vociferar todo lo que tenia que decir, de manera heroica a los jueces mientras los llamaba “representantes de la tiranía” en su juicio, (un acto realmente solemne) se autoproclamó como culpable y posteriormente fue condenado a muerte, mas sin embargo, se mantuvo confinado desde ese entonces a vivir en una caja de concreto de un 1.50 m, donde constantemente era sometido a las mas duras torturas como sesiones de interrogatorio donde destrozaban su cuerpo de las maneras mas inimaginables; intentó escapar muchas veces, teniendo éxito en una ocasión y acompañado por su compañero de la resistencia Jorge Morakis, mas sin embargo fue arrestado de nuevo a los tres días, cuando Takis patitsas, el compañero que les daba posada para ese entonces, los entregó, lamentablemente nos cuenta después Alekos, como se le llamaba a Alejandro, que Morakis fue condenado por ello a cumplir 16 años más de cárcel, sin beneficiarse de la amnistía que dejaría libre a Alekos después de cuatro años y medio de encarcelación.
Cuando Alekos estuvo libre, la situación fue de incomodidades continuas y tiempos para el reconocimiento de dos seres que se amarían, Oriana Fallaci, después de encontrarse en muchas ocasiones con él para realizar sus trabajos periodísticos con el tema de su liberación y el seguimiento de su vida en la resistencia, terminó formalizando una relación amorosa con él, de allí, tal vez, que haya podido conseguir declaraciones tan importantes y profundas de este hombre.
Se nos cuenta en el texto los abusos constantes contra la libre expresión de esa vida hasta ahora reprimida, los traspiés que el estado procuró en las actividades de Alekos, (además de mantenerlo vigilado constantemente, en situaciones extremas), para solicitar el pasaporte no existía en los registros nacionales, a lo que él respondía despectivamente a Oriana: “ves, ya no existo”, se perdían sus papeles en los procesos de recepción de los mismos y cuando por fin fue posible la entrega de su pasaporte válido para un viaje con retorno, le impidieron la entrada a la avión por un espacio de tiempo prolongado donde ni el avión se movió ni ellos pudieron acceder al mismo, según lo entrevé Oriana y Alekos, se paralizó el viaje mientras la junta decidía la salida de Alekos a Italia, país que consideró su segundo hogar, y al cual mostraba cierta fascinación.
La democracia fue restaurada y Alekos elegido como miembro del parlamento de la unión del centro, como uno de los más representativos en su quehacer político, hasta que se enteró de las situaciones turbias del ministro de defensa Evangelos Averof, por lo que se puso en la tarea de buscar ciertos archivos incriminatorios; para cuando estos fueron encontrados y posteriormente analizados, Alekos se enteró de la pertenencia de algunos miembros de su partido a tales enredos políticos con relación a la pasada dictadura, por lo que tomó la decisión de actuar de forma autónoma en el parlamento.
En 1976, a la edad de 38 años, murió en un accidente automovilístico, antes de que pudiera publicar los archivos donde se relacionaban algunos dirigentes de las clases más dominantes de la política con la junta de Papadopoulos.
La entrevista que aquí se presenta, se centra en la situación de Alekos mientras la temporada de encarcelamiento y su idiosincrasia, se nos muestra como un hombre fríamente sagaz, con una determinación tal que expone en varias ocasiones su pellejo con tal de seguir en pie con sus pretensiones emancipadoras del pueblo griego, con estados emocionales imprevistos, que aparecían como explosiones rápidas, como un hombre templado por su historia, donde la capacidad de sentirse feliz se esfumó dejando vestigios y ahora no hay mas que pretensiones, de valor, de revolución, de amor por el hombre, del que nunca sintió impulso de venganza, aunque sí de castigo, pero un castigo acorde a sus valores humanos, donde no hay muestra de dolor ni sufrimiento continuo, prueba de ello son sus testificaciones para culpar a algunos de los actores de la tiranía de Papadopoulos, donde se limitó a lo justo.
Alekos se muestra como un héroe, cuyo cuerpo muestra las pruebas contundentes de un hombre que sufrió las torturas mas crueles, tantas cicatrices de las que no son posibles recordar su procedencia concreta mas que de las palizas más inhumanas, un ejemplo perverso de ello es lo que él mismo refiere, un hilo metálico que introducían por su uretra y luego calentaban.
Al final se muestra Alekos como un verdadero hombre después de que éste mismo lo definiera de la siguiente manera: es tener valor, dignidad, creer en la humanidad, significa amar sin convertir tal hecho en un ancla, significa luchar y vencer, lo que dice más o menos Kipling en su poesía titulada “si”.
Es importante agregar una ultima consideración respecto al periodismo como medio por el cual es efectiva la educación del hombre en valores y construcción de virtudes que lo hagan mas humano; en la entrevista de Oriana Fallaci, la mujer que tanto amo a este hombre, se nos muestra con fuerza los alcances de un periodismo limpio, sano, donde se denuncia las mayores atrocidades de la humanidad misma con el ánimo de generar en ella la conciencia suficiente para que ella en últimas sea la que genera un estado mas justo, eso es en pocas palabras lo que como periodistas podemos hacer en la sociedad…. Nada más que eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario